viernes, 26 de septiembre de 2008

EL PUNTO DE LA LETRA

La noticia circuló a las 9:35 de la mañana. La historia comenzó con la separación de un matrimonio que continuó las disputas a través de mensajes de texto:

Ankara (EFE).- La falta de caracteres apropiados para el alfabeto turco en el teclado del teléfono móvil provocó una serie de malentendidos entre una pareja separada en Ankara y terminó con un asesinato y un suicidio, informó hoy el diario turco "Hürriyet".

La historia comenzó con la separación de Emine y Ramazan Çalçoban, un matrimonio turco que decidió romper su relación tras pelearse.

Emine, una joven de 20 años, retornó entonces a la casa de su padre, Hamdi Pulas, pero la pareja no dejó de reñir tras la separación, sino que continuaron las disputas a través sus teléfonos móviles con mensajes SMS.

En una ocasión, Ramazan, de 24 años, le dijo a su ex mujer que siempre cambiaba de tema cuando se quedaba sin argumentos.

Pero en muchos teclados de teléfono móvil no existe el carácter para la "I" turca (i cerrada, que se escribe sin punto), por lo que en lugar de escribir "sIkIsInca" (cuando te quedas sin argumentos), el hombre escribió "sikisinca" (cuando te follan).

En el informe de la investigación judicial, el fiscal explicó que Emine se tomó el mensaje como un insulto y se lo mostró a su padre.

El padre, Hamdi Pulas, se enfureció e increpó a su ex yerno, Ramazan: "Nos has insultado, has mancillado nuestro honor. Estás tratando a mi hija como si fuese una prostituta".

Cuando Ramazan fue a casa de su ex mujer y su antiguo suegro para explicarse, toda la familia Pulas se le echó encima y le hirieron con un cuchillo.

Como venganza, Ramazan acuchilló a Emine hasta matarla y fue encarcelado por ello, pero se suicidó en la prisión.

Ahora el fiscal exige una condena de 15 años de cárcel para Hamdi Pulas y otras dos hijas suyas, por el "intento de asesinato" a Ramazan.

"Un pequeño punto destruyó las vidas de cinco personas", publicó el diario 'Hürriyet' en portada y añadió que el punto de la 'i' en ciertas palabras delicadas de la lengua turca está causando serios problemas.

La historia, a pesar de ser totalmente verídica y real, parece ficción. No es tanto por las pasiones encarnadas en los protagonistas sino por el medio que desencadena todo: la escritura en mensajes por celular.

3 comentarios:

Yoshiko dijo...

Parece un cuento. ¿Dónde apareció la noticia?

Loida dijo...

El problema del tiempo en los mensajes es los más deseperante en la actualidad, pero si ponemos un poco más de atención a su lógica, tal vez podamos no deseperarnos y soportarlos. En primer lugar, partiré de la noción de envío latente en los mensajes escritos, para lo cual seguiré la línea de interpretación del "envío" latente en Cartas sobre el humanismo, de Heidegger, y estableceré un diálogo con Sloterdijk y su Normas para el parque humano.
Cuando Heidegger habla de cartas es porque establece una situación comunicativa particular. La lógica del envío de cartas implica alguien que remite y otro alguien que recibe, un remitente y un destinatario, alguien que destina y otro que es destinado. En la carta, el que escribe desea ser leído por el que la recibe, quien también desea escuchar, leerlo. Se establece una distancia aceptada por ambos, distancia por la cual se les permite a ambos conocer la situación del otro y, además, es lo que les permite escribir cartas y querer leerlas.
Es una distancia que los separa y que a la vez procura que ambos se involucren en la carta, en el testimonio de su lejanía, es allí donde se acercan. Hay una relación de consanguinidad no necesariamente biológica ni afectiva, relación que hace que se pueda entender como un estímulo y respuesta recíproco, mutuo, y que, a la luz de la carta, no se pueda determinar quien tiene el mayor grado de interés.
Es allí donde las cosas se complican. Cuando recibimos cartas, cuando somos los destinatarios, los destinados, podemos recepcionar dichas cartas de diferentes maneras, podemos leerlas, almacenarlas, aceptarlas, botarlas. Cuando recibimos cartas sin remitentes, podemos sentir curiosidad por saber qúién la envió y por eso abrirlas, decpcionarnos si no es de la persona que queríamos o esperábamos, podemos leerlas porque resultó muy interesante y, quizá, guardarlas para luego releerlas. Cuando se recibe una carta de alguien que no conoces o de quien no esperabas o, simplemente una carta que no esperabas, siempre, siempre produce asombro, sorpresa e incertidumbre. Siempre se desea saber quién es el destinador. Entonces, uno, como destinado, establece una relación desde su presente hasta ese pasado en el que alguien escribió algo para uno, en que alguién destinó algo para uno. Esta relación desde un presente hacia un pasado hace que se establezca una verdad encerrado en esa trama que es la carta como recorrido de la distancia entre el sujeto que recibe en su presente, con determinada actitud ante el objeto que le queda como testimonio de que alguien escribió algo. Esta relación sujeto y objeto hace aparecer una verdad porque ninguno de los dos se encierra en su subjetividad u objetividad, porque la lectura se hace sin entender al remitente como obstáculo para la lectura, y porque él mismo no es un problema para la lectura. Las intenciones se vierten en el momento de la carta, y para que esta sea entendida, se escucha lo que se dice con atención y tratando de hacer que su emoción -negativa o positiva- sea funcional para el entendimiento. Brevemente esto pasa desde el destinado: busca reconstruir un pasado a partir de su presente -sólo así funciona-, una historia en la que se procesa lo que se dice y lo que su mente imagina que puede estar guardando para no afectar o tal vez sorprender después. Entonces se puede entender que en realidad existen dos historias: la que hace que disfrutes la carta como presente vivo del que te lo envió(acontecimiento)y la que te hace pensar que existe todo un entramado en el que la carta contribuye a su desarrollo (una historia anónima).
Centrémonos ahora en que esta perspectiva es desde quien recibe cartas, quien está acostumbrado a recibirlas cosntantemente y desea recibirlas con frecuencia. Por lo tanto, siempre está conectando su presente con un pasado, y hace que ambas situaciones funcionen en la relación para crear una verdad en esa historia, un conocimiento que surge de esa distancia compartida y acercada. Hay una complementación entre destinado y su carta. Pero qué sucede cuando uno sólo se centra en el presente, cuando se crea la ilusión de que uno siempre está en el presente y tiene el derecho, como única subjetividad en presencia, de entender a su objeto como puro objeto, como objeto en sí, y con el poder para creer que lo describirá y comprenderá a la perfección. Se crea el efecto de sincronía, la distancia de la carta creadora de conocimiento del uno por el otro desaparece. La virtualidad crea esta distorsión que aparentemente elimina el tiempo y que hibridiza el presente con el pasado. Pero nos falta analizar el futuro según la lógica de la carta. El envío, desde la carta puede compprenderse como simple objeto establecido por una subjetividad que la escribió y en la que aparece la subjetividad para la que se escribe. Ella funciona porque es enviada y sólo es carta porque está siendo enviada, recorriendo una distancia que relaciona a sujetos. La crítica que hace Sloterdijk a Heidegger, según nuestra línea de lectura, es que esa lógica de envío estaba siendo vista, todavía, desde y sólo como alguien que recibe cartas, como alguien destinatario, como destinado. Destinado, marcado, fatalmente condenado a recibirlas y con el derecho de hacer con ellas lo que se quiera. El cansancio de esta época todavía moderna es que ya no se sabe qué hacer con ellas si siguen recibiéndose cartas que nos destinan fatalmente. La lógica del envío no es incorrecta, sino que se debe de entender que no es sólo la carta, sino el envío mismo y su flujo entendido con una lógica más amplia. Esta lógica ampliada por la situación cultural y los avances científicos y tecnológicos implica, primero, la inclusión del futuro en la historia del envío de la carta y su conocimiento,la nueva distancia hacia ese futuro y la aparición del sujeto del futuro al que se envía. Mantenemos la lógica de la carta, porque la sincronía de los mensajes virtuales y su infinitud limitante e improductiva como nuevas formas de conocimiento exijen que atendamos la, aparentemente, desgastada y obsoleta forma tradicional anterior. la crítica -a las cartas- se da porque, si antes nos habíamos librado del subjetivismo del destinador o remitente, el subjetivismo individualizado de la ilustración que se veía sólo como presente para poder escribir las cartas a una masa destinada, ahora se nos presenta de nuevo la posibilidad de ser destinadores inmediatos, mandando estímulos y recibiendo respuestas también inmediatas. Detrás de los mensajes virtuales está el trasfondo de la capacidad para manifestar la identidad en la ilusión de plena presencia del sujeto y, también, del objeto. La virtualidad crea el pensamiento ontolizante de identidades manifestándose en plena presencia y con un pleno objeto presente: el mensaje y el enviador, el estímulo y la respuesta ahora ontologiza por su extrema cercanía -no espacial, sino de duración- a diferencia de las ideas ilustradas de la distancia y lejanía que también ontologizaban. Este problema del remitente o destinador no fue digerido completamente y tal vez las cartas nos ayuden a entenderlo. El destinador escribe sabiendo que su carta será leída, que espera que su recorrido dure poco, o que sea recibida por el sujeto a quien la manda. A veces espera una respuesta, espera que la reciban no sólo uno sino varios, sabe que algo podria pasarle a la carta en su viaje, que la persona podría no recibirla porque dejó de existir, que la carta podría afectar a esa persona, que podría alegrarla o deprimirla. El remitente siempre sabe a quién va a escribir y sabe que él es quien va escribirle a esa persona desde su conexión con ella, desde la relación que tiene con ella y que es la que posibiltará la complementación de ambos para producir el conocimiento mutuo. La relación del destinador implica también una distancia desde un presente y una refiguración con un futuro para el éxito de esa comunicación. El punto de referencia para ese futuro es el destinado, y suele ser un destinado no muy lejano en cuanto duración, pero siempre distante ya que tu carta está siendo enviada para algo no sólo en el momento sino también en la vida de esa persona. La relación entre ambos debe de producir un conocimiento porque es complementaria, porque el sujeto que escribe y su objeto, la carta, es lo que establece la posibilidad de ese futuro en que se lee por el destinatario que también aparece en la carta. Pero qué sucede cuando esa persona no existe y tú quieres escribir algo a esa persona, qué pasa si no sabes a quién vas a destinar. Esta situación podría decirse del que lee y quiere publicar lo que ha conocido en esa carta, entonces la masa aparece como sujeto colectivo, desaparece el sujeto individual y como único enfoque, pero aparece como una suerte de sumatoria de diferentes individuos. Esto podría decirse que fue una de las soluciones cuando los destinados empezaron a escribir lo que conocían en esa cartas que recibían. Pero ellos volvían a ser destinadores sin entender muy bien lo que hacían o absolutizando lo que entendían que hacían. Al tener a la masa como destinados, la perspectiva de presencia vuelve a ser, por su nitidez, la del que destina, y la carta pierde su efecto de reciprocidad y complementariedad, porque es necesario que el sujeto que se incolucraba en la carta desapàrezca en uno más de la masa a la que escribo, una masa que no tiene voz pública nítida, y que no es considerada como tal. Esta relación del presente y del futuro absolutiza y subjetiva al destinatario como yo ante la masa o la élite, crea círculos de líderazgo y de desprecio. Pero podría decirse que con la virtualidad exista un trasfondo que puede permitir que esa masa también escriba y también manifieste de manera ilusoria lo que conoce con sus cartas que ahora se vuelven mensajes y pierden su distancia o relación que posibilitaba un conocimiento recíproco. El problema de esta masa es que escribe siendo la misma masa pero sin entender la distancia que puede establecer en la cercanía e inmediatez de la nueva situación comunicacional. La carta y el mensaje no han perdido la lógica del envío, sino que deben de ser entendidas desde el trasfondo que explica a los destinadores como configuradores de los detinados en las cartas que escriben, como los que acuerdan cómo van a entenderse, como el pacto de su relación aceptada para producir conocimiento. Es ahí donde aparece la técnica como base del pensamiento de Sloterdijk para ver la lógica de crianza detrás de la de educación que instauraba las cartas desde los destinados que actuaban como destinadores. Si la técnica sí se ha preocupado por el ser, entonces hay que atender a las tecnicas de la virtualidad y la biotecnología como el trasfondo del lenguaje como casa del ser y al hombre como guardian o conductor del ser. Para lo cual debemos de despejarnos de los antifases del humanismo no abierto o sospechozo de las ciencias naturales. Atendiendo ello, la lógica de las cartas se piensa de una manera diferente: si todo lo que hace el hombre es humano, esto implica que todo lo que hagamos será recibido en el futuro de la inconmensurable historia que se despliega por otros hombres que también harán hiatoria, que constantemente estaremos enviando cartas a sujetos que para conocer estarán obligados a acercarse a su objeto de manera complementeria con su subjetividad, que ellos serán nuestro futuro y nosotros sus destinadores, y ellos serán destinados que destinarán a otro futuro, ya no sólo como masa sino con nombres, con subjetividades no concluyentes sino relacionales, que en las manos de los criadores o destinadores estará la vida de los futuros destinadores o criadores. Cómo enviarles cartas a esos sujetos que todavía no son. Cómo saber su mapa genómico y poder decidir cómo destinarlos. Cómo escribir una historia que establezca relaciones con el pasado para poder saber qué hacer con el futuro. Cómo hacer futuro. Cómo hacer historia para el futuro. Allí está el conocimiento, en esas distancias que se establecen. La carta que se escribe también puede tener sincronía si y sólo si se atiende a la duración de la distancia relacional como movimiento lento o rápido. Eso está condensado en la lógica de los envíos de mensajes de texto, condensado al extremo de perturbar como un ruidoso y claro grito. Su rapidez es mucho mayor, claro está, y entender las implicancias de los códigos visuales para la escritura más la abrumante oralidad y efecto rápido suele ser un trabajo de mayor intelección para tratar con el humanismo como interprete de esas señales visuales y auditivas bárbaras. El trabajo es mucho mayor, porque la posibilidad de anticipación también está latente en las cartas que se escriben con la capacidad para tener información del futuro, su anticipación, la información de cómo le puede afectar al destinado crea la ilusión de sincronía y condensación de nuestro ser-humano temporal. Los debates sobre la biotecnología omplican una condensación del tiempo al tratar de entender al ser-humano tempporal. Esta sincronía de la virtualidad y la biotecnología, si se entiende con la lógica de las cartas, hace que pensemos por el ser heideggeriano de una manera trágica: pondremos nuestros nombres y los nombres de los otros en cartas que recibirán con nuestras subjetividades relacionales y copertenecientes a la vida y a una inconmensurable historia como trasfondo y paradójicamente anónima: ¿Qué cartas le enviaré al hijo que todavía no tengo? ¿leerá mis cartas, las guardará, las destruirá? ¿les servirán? ¿las llegará a leer? ¿vivirá? ¿se matará? ¿lo asesinaré?

Marcos Mondoñedo dijo...

Este es, evidentemente, un caso emblemático de la dimensión simbólica como vínculo social. Pero tengo la impresión de que si algo caracteriza a la llamada era posmoderna es, precisamente, el descrédito por dicha mediación, la del lenguaje. Si, como sostiene Dascal, el inicio de la modernidad es descriptible por su fascinación por el lenguaje, la posmodernidad podría caracterizarse por su descrédito. Ya nadie quiere dejarse engañar por las palabras, por los "floros". Lo paradójico es que, como sostiene Lacan, los no engañados se equivocan: aquellos que olvidan la mediación simbólica son los primeros en caer, fácilmente, en las redes ideológicas del capitalismo tardío. Sobre otro caso particular, tengo una reflexión en mi blog: se trata de "Fujimori y la función signica".